sábado, 9 de junio de 2012

APOSTAR AL TALENTO


ALGO QUE NO HACEMOS EN MÉXICO ES DETECTAR E IMPULSAR EL TALENTO QUE PUEDE DAR RESULTADOS A LARGO PLAZO
 
Si alguien hubiera tenido la fortuna de comprar una acción de Apple en septiembre de 1984, pocos años después de su colocación en Bolsa, hoy tendría una ganancia de 147 veces.

Esto significa un rendimiento de 20 por ciento anual sostenido por más de 27 años... pese a todas las crisis que hubo en esta era.

Y cuando nacía Apple, no parecía nada atractivo. Es conocido el caso de Ronald Wayne, quien iba a ser el tercer socio de Apple, además de Jobs y Wozniak, con un 10 por ciento de la empresa, quien al final se arrepintió de meterle 2 mil 300 dólares a la empresa que nacía... los que hoy valdrían 2 mil millones.

Otros inversionistas le hicieron el feo a esa peculiar firma cuya figura prominente era un hippie irascible y veleidoso.

Hubo otros casos de posibles socios corporativos que despreciaron a Jobs y su equipo, como un puñado de soñadores que no tenían los pies sobre la tierra y que buscaban proyectos irrealizables.

Algunos de los colaboradores entrevistados para escribir la biografía de Jobs de Walter Isaakson señalan que frecuentemente la ingenuidad que tenían fue un factor que les permitió hacer cosas que nunca se habían hecho. "Como nadie nos había dicho que era imposible hacer lo que pretendíamos, pues entonces lo hicimos", cuentan.

Resulta que, a veces, las decisiones que parecen ser estrictamente racionales, como seguramente las tomaron diversos fondos que decidieron no adquirir acciones de Apple hace tres décadas, resultan ser incorrectas.

No hay empresas como Apple que estén apareciendo todos los días. Los empresarios creativos como Steve Jobs no se cosechan en racimo, pero innovadores siempre hay.

De hecho, si volteamos la vista a la era de internet, hay corporaciones como Google, que también nos cambiaron la vida y eso se reflejó en su valor.

En cerca de 8 años y medio, desde que está en bolsa, esta empresa multiplicó su valor en
6.2 veces, lo que significa una ganancia anual para sus accionistas de 21.7 por ciento.

¿Cómo distinguir este potencial? ¿Cuándo podemos tener una certeza razonable de que una pequeña empresa puede despegar y convertirse en una de esas corporaciones que nos cambian la vida? No sabemos realmente.
Es probable que por cada Apple o cada Google haya decenas de firmas que pretendieron despegar y que al final de cuentas ni siquiera subsistieron o se quedaron como pequeñas empresas.

En cualquier economía, la única manera de que surjan este tipo de empresas emergentes es canalizando el espíritu de empresa que existe.

En México, ese espíritu en buena medida se dispersa en las actividades de la economía informal.

Más allá de programas oficiales, no tenemos una cultura en la que se valore la actitud de emprendimiento y, por tanto, no se construyen los respaldos institucionales para fomentarlo.

Ocurre algo así como en la investigación médica: hay que apostar por muchas sustancias para que una entre mil se convierta en un gran medicamento.


Así, sólo cuando se piense realmente que alguna pequeña empresa mexicana puede tener el talento y el potencial de Apple o Google, quizás tendremos la posibilidad de hacer lo que dicen que no puede realizarse.


enrique.quintana@reforma.com