viernes, 6 de agosto de 2010

LA DOMINATRIX



 Llegué al restaurante un poco temprano y me senté. Al lado mío había un grupo de 3 ejecutivos trajeados, también pegados a sus Blackberrys que sin problema se ignoraban entre sí.

Es que la Blackberry es un invento maravilloso y también uno terrible. De tan maravilloso da vértigo dejarla olvidada o de plano perderla (le doy el género femenino por su traducción a zarzamora, pero podría ser un él).

Hay que decirlo, es buenísima: te conecta con tu mundo digital que en estos tiempos parece serlo todo.

Es eficiente: te alerta si tienes mensaje nuevo, recibe llamadas, te despierta en las mañanas, te dice qué citas tienes, te permite tomar fotos, al igual que grabar tus ideas y recibir archivos de Power Point o Word.

Por si fuera poco, gracias a aplicaciones especiales puedes "Twittear" todo lo que veas, mires o pienses, entrar al chisme en el Facebook y chatear con toda la fraternidad de millones de usuarios Blackberry que gracias a los pin, te lo permite hacer de una manera gratuita.

La Blackberry no está sola. Le compite el iPhone de Apple que con sus casi 200 mil aplicaciones (a mayo de 2010) asegura incrementar la productividad, estimular el entretenimiento y conectar aún más a tu grupo de amigos y familiares. Otro competidor imposible de descontar es el versátil Android, lanzado por Google.

Ante el embate, Nokia -cuya participación de mercado ha bajado del 50 al 39 por ciento en menos de 3 años- y Motorola -que sigue experimentando pérdidas en su división de telefonía- parecen hasta ahora haberse perdido de la ola smart.

Los smart-phones incluso apuntan a sustituir eventualmente una buena parte de lo que hoy hacen las computadoras.

Y todo esto es maravilloso, aunque también tiene su lado oscuro. Cada progreso tiene su dosis de retroceso y cada vez que ganamos algo, perdemos algo.


También hay que decirlo, la Blackberry puede ser terrible si le das un uso excesivo.

Por algo la apodan la DOMINATRIX, y eso te hace, nos hace a todos los que la idolatramos masoquistas. Es que la Blackberry es tan buena que te seduce hasta la esclavitud. Te hace la lleves a todos lados: a comer, a trabajar, a descansar, al cine, a viajar, al baño y hasta a la cama; te ordena que la recargues disciplinadamente para que nunca se apague y la cuides para que no se descomponga porque separarse de ella sería fatal, o por lo menos así se sentiría.

Tantas aplicaciones y facilidad de uso convierten a la Blackberry en una nueva adicción. Por eso también la apodan Blackberry, en honor a la súper-adictiva droga crack.

La New Jersey's Rutgers University School tipifica la adicción y la relaciona a otras adicciones argumentando que los efectos, en voz del profesor Gayle Porter, pueden ser devastadores: me parece bien que las empresas ayuden a sus empleados a quitarse adicciones de químicos y sustancias pero sin lugar a dudas hay que enfrentar la adicción a la tecnología.

Además de los beneficios obvios que brindan los smart-phones, existen lo que podrían llamarse beneficios secundarios, donde inconscientemente la gente los utiliza: como una excusa para evadir a los que tiene cerca "estoy ocupado, ¿que no ves?"; en el caso de los hijos para quitarse a su mamá "estoy haciendo tarea"; mientras que los jefes lo usan frente a sus subordinados como diciendo "te esperas, por favor".

Paradójico que la portabilidad y la conectividad nos seduzcan a tal grado, que en lugar de vivir aquí y ahora, vivamos en el allá y entonces.


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